Unos zapatos que no se ajusten a las características del pie de su hijo/a le provocarán, en primer lugar, incomodidad al andar y lo que posteriormente degenerará en ampollas, rozaduras, callos, durezas, juanetes, hongos, uñas rotas o deformadas.
Si el uso de un calzado inapropiado es continuado acabará produciéndole heridas en los pies y daños en las articulaciones. Los apoyos forzados y las malas posturas para soportar el peso de todo el cuerpo pueden tener efectos nocivos de carácter permanente, que derivarán en secuelas crónicas durante la edad adulta.