Cuando el niño tenga el calzado puesto, compruebe varios elementos para confirmar que los zapatos le ajustan adecuadamente. Presione la puntera para asegurar que tiene espacio suficiente para mover los dedos y permitir el crecimiento del pie. Compruebe si el ancho es correcto o le aprietan por los laterales. La lengüeta y la sección superior deben ser cómodas y no causar rozaduras. El talón del pie tiene que quedar firme y “no bailar” dentro del zapato. Por último, en lo posible dígale al niño que camine y compruebe que se mueve y flexiona con facilidad. Pregúntele si le hacen daño, si le aprietan o se le salen y/o si los siente confortables.